LA NOCHE SIN AMANECER.

By henrygale

Era de noche. Volvía hacia mi casa después de haber estado tomando unas cervezas con unos amigos en el bar del pueblo.No había sucedido nada interesante. Lo de siempre. Unas cuantas risas, tres jarras de cerveza y poco más. Otro viernes sin novedad en el frente.Salimos del bar y nos separamos. Cada uno rumbo a su casa.Yo vivía en la parte más alta del pueblo y también la más alejada. Recuerdo que cuando era niño me daba pavor hacer ese camino de noche. Sin luz y sin asfaltar. Me separé del grupo en una de las calles principales del pueblo, tomé una calle y comencé a subir cuesta arriba.

Poco a poco iban desapareciendo las farolas y quedándose más alejadas mientras yo avanzaba hacia mi casa. No muy lejos de mi casa, unos quinientos metros más arriba, si seguías subiendo por la senda, había un orfanato abandonado. Creo que por eso siempre me dio miedo el camino a mi casa por la noche. No era por el camino en sí, sino por el orfanato de arriba. Siempre hubo leyendas acerca de ese edificio.

De críos nos colábamos por las noches, muertos de miedo e intentando que no se nos notase para parecer los más valientes del grupo. En lo que supongo debió ser el patio del orfanato, había un gran agujero. Una poza de unos siete metros de diámetro.Alguna vez nos asomamos y nunca vimos el fondo.   

Continuaba caminando cuando de pronto se me cruzó un coche que casi me atropella. Tuve que tirarme a la cuneta.Probablemente sería alguna pareja que vendría de darse un homenaje. Últimamente aquella zona de cerca del orfanato se había quedado para eso, puesto que el orfanato estaba rodeado de un considerable bosque y sin ningún edificio alrededor.

La casa más cercana era la mía. Se me nubló la vista por unos segundos. Me quedé tres o cuatro segundos tumbado en el suelo y me levanté enseguida.  Según el camino, había una bifurcación. Si tomabas el camino de la derecha llegabas a mi casa. Si por el contrario seguías recto, llegabas a al puerta del orfanato. 

Tomé el camino de la derecha, o al menos eso creí, porque cuando me fui a dar cuenta, estaba yendo directamente hacia el orfanato.Di la vuelta y volví a la bifurcación.

Esa vez sí me aseguré de coger el camino de la derecha. Comencé a andar rumbo a mi casa y cuando me volví a dar cuenta. Estaba en el camino del orfanato y mucho más cerca de él que la vez anterior. Volví hacia la bifurcación. Tomé el camino de la derecha y empecé a andar de nuevo.

Otra vez en el camino del orfanato y ahora lo veía mucho más cerca. Mucho más. De nuevo volví hacia atrás. Otra vez cogí el camino de la derecha rumbo a mi casa. No comprendía qué estaba pasando. Demasiada cerveza, pensé. Eché a andar de nuevo. Esta vez seguro de que no estaba en el camino del orfanato.Y de pronto, otra vez. Estaba justo a la entrada del orfanato sin haberme dado cuenta.

El viento, que supongo que debería haber sido frío, era muy caliente y de dentro del orfanato se oía un leve susurro. Como si alguien hiciese el amago de silbar. Eché a correr rumbo a la bifurcación y cuando por fin llegué me encontré con un niño pequeño, con el pelo de color blanco y un antifaz negro que le tapaba los ojos. El niño estaba sentado justamente dónde se separaban los dos caminos.Me miraba y me sonreía.Le pregunté qué es lo que estaba haciendo allí.El niño me miró fijamente y con una voz muy dulce me dijo:

Esperándote. Llegas tarde.

No tenía ni idea de qué era lo que estaba diciendo.

 -          Llego tarde ¿a dónde?

-         A casa, tonto.  

  -        Ya sé que llego tarde a casa. Pero. ¿tú como lo sabes?

-          Debes tener cuidado. Las luces de tu casa están apagadas. Se han apagado hace un rato.

-          ¿Cómo sabes dónde vivo?

-          A veces es un lío y crees que vas por el camino correcto cuando en realidad no es así. Avanzas, pero en realidad retrocedes. ¿Quieres venir conmigo a jugar mi casa? Lo pasarás bien. ¡Ven! 

De pronto el niño comenzó a gritar y a reirse. Se levantó y echó a correr por el camino del orfanato.El vello de mis brazos se había puesto de punta. Eché a correr rumbo a mi casa. Corrí lo más rápido que pude. Miré hacia atrás para ver si el niño del pelo blanco continuaba corriendo y vi mi casa a los lejos. Estaba corriendo en la dirección equivocada por enésima vez. Cuando volví a mirar hacia adelante había entrado dentro del orfanato.

Estaba en un pasillo inmenso.Escuché un grito que me heló la sangre. Salí de allí lo más rápido que pude. Corrí rumbo al pueblo. Pasé la bifurcación y continué camino abajo. Se acabó la tontería. Saqué el móvil del bolsillo. No había cobertura.La otra opción era bajar al pueblo y llamar a mis padres desde una cabina para que bajasen a buscarme. Al menos estaría iluminado. Miré hacia atrás, para comprobar que estaba lejos del orfanato. Y efectivamente, me iba alejando de él. Cuando volví mi cabeza hacia delante, me encontré con el niño del pelo blanco y el antifaz al lado de una mujer muy vieja que llevaba un rosario en las manos. Ambos estaban de pié, como si me esperaran. Me paré en seco. La vieja se me acercó un poco y me dijo algo: 

-          ¿Por qué estás corriendo?

 -          Porque quiero ir al pueblo, señora. Le contesté yo.

-          A veces para llegar a casa, debemos ir por el sitio que menos nos gusta. No hay ningún pueblo carretera abajo.

-          Sí que lo hay. Yo vengo de allí.

-          Vamos. Acompáñame. Yo sé dónde vives. Yo te llevaré a dónde tienes que ir.

-          Yo también sé dónde vives. Yo te llevaré. Me dijo el niño.

-          Dejadme en paz. Voy hacia el pueblo. ¡Apartaos!

-          Ya te hemos dicho que ahí no hay ningún pueblo. Dijo la vieja.

-          ¡Sí que lo hay!  

El niño me cogió de la mano y me habló con un tono muy triste.

 -          Ven conmigo. Yo puedo guiarte. Te llevaré a jugar a mi casa.

-          No le hagas caso. Te engañará y te llevará por dónde tú no quieres ir. Gritó la vieja. 

Conseguí soltarme del niño y eché a correr camino arriba. Hacia la bifurcación. Mientras corría, escuché como la vieja me decía: -          ¡No vayas por el camino de la derecha! Seguí corriendo. Llegué a la bifurcación y tomé el camino de la derecha. El de mi casa.Corrí como nunca antes lo había hecho. Cuando me fui a dar cuenta, estaba dentro del patio del orfanato. Justo al lado de la poza. Paré en seco. Y detrás de mi aparecieron el niño y la vieja. El niño me miró llorando: 

-           Ella misma te lo dijo. A veces para llegar a casa, debemos ir por el sitio que menos nos gusta. Si me hubieses seguido y hubieses ido por el camino del orfanato, ahora no estarías aquí. 

La vieja se me acercó y me susurró al oído: -          Te lo dije. Te avisé de que no fueras por el camino de la derecha.  

Miró al niño que estaba llorando y exclamó: Has perdido. 

Me empujó por la espalda y me tiró al pozo.

4 comentarios para “LA NOCHE SIN AMANECER.”

  1. abyssosct Dice:

    ostiiiia k bueno, buena historia señor henrygale.

  2. ibreijo Dice:

    Magnifica historia, exquisita redacción, creo que ya tenemos premio. henrygale bravo!

  3. SpecialAgentCooper Dice:

    tio, anoche se me apareció el chaval de pelo blanco y antifaz, pero llevaba una camisa de hawaiano. Creo que voy a dejar las drogas blandas

  4. SpecialAgentCooper Dice:

    por cierto, ahora soy SpecialAgentCooper

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